Nacho Marín es originario de Cárcar, un pequeño pueblo de la Ribera de Navarra, un entorno muy ligado al sector agrícola y alimentario que marcó su relación temprana con el producto. Aunque no provenía directamente de una familia dedicada a la restauración, el vínculo con el vino y la alimentación, junto con una inquietud personal, le llevaron a encontrar en la gastronomía un espacio donde encajar. Por ello decidió estudiar el Grado en Gastronomía y Artes Culinarias en Basque Culinary Center, atraído por una formación universitaria que combinaba cocina, conocimiento del producto y visión global del sector.
De su etapa como estudiante, Nacho destaca especialmente el compañerismo, el trabajo en equipo y el contacto continuo con la cocina dentro y fuera del aula. Tras graduarse, su recorrido profesional fue diverso y progresivo: comenzó trabajando como cocinero, pasó por colectividades, gestionó una pequeña cocina en una bodega y más tarde se adentró en el ámbito ferial y formativo, colaborando con empresas del sector gastronómico en acciones comerciales y de formación. Este camino, marcado por decisiones valientes y contactos profesionales, le permitió ampliar su visión más allá de la cocina tradicional.
El punto de inflexión llegó durante la pandemia, cuando el parón del sector abrió una oportunidad en Martiko. Aunque inicialmente el puesto no estaba directamente vinculado a la gastronomía, Nacho decidió apostar por una empresa sólida y cercana a su territorio. Desde dentro, se formó de manera integral: conoció el proceso completo del pato, desde la cría en granja hasta la producción, lo que le permitió desarrollar un conocimiento profundo del producto. Actualmente, su rol como responsable de formación técnica es eminentemente transversal: gestiona cuentas de retail, da soporte técnico y comercial, imparte formaciones a cocineros y escuelas, participa en ferias, colabora en acciones de marketing y actúa como nexo entre producto, cliente y mercado.
El aprendizaje clave de su trayectoria es la importancia de entender el producto en toda su dimensión: origen, procesos, personas implicadas y uso final. Nacho observa una creciente necesidad de reforzar la formación y la cultura de producto en el sector, así como de estrechar la relación entre gastronomía e industria alimentaria. Defiende que ambos mundos deben ir de la mano, especialmente ante retos como la falta de personal, la optimización del tiempo y la seguridad alimentaria. En cuanto a tendencias, identifica una vuelta a una cocina más simple y reconocible, combinada con influencias internacionales y una mayor demanda de soluciones de calidad en ámbitos como el aperitivo.
Lo que más le motiva hoy es trabajar rodeado de personas que creen en lo que hacen: granjeros, operarios, cocineros y equipos que, juntos, hacen posible que un producto llegue al consumidor con coherencia, calidad y valores.